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Sanjuanes - Coria

Sanjuanes - Coria

Los Sanjuanes actuales, celebrados en Junio, entre el día de San Juan y el de San Pedro, conservan el reflejo de los ritos mágicos en los que el hombre se enfrentaba a las fieras  símbolo de la fuerza, la vida y el poder genésico. Después de muerto el toro, los caurienses pisaban su sangre para recibir el legado sagrado, y comían su carne y sus testículos con el fin de adquirir sus propiedades vitales y fecundadoras. Esta tradición ha provocado que en Coria se consuma una carne de vacuno de extraordinaria calidad, en platos que enriquecen su cultura gastronómica.

Entre San Juan y San Pedro la ciudad es un mar de gentes que deambulan y corren ante el toro, quemando el “capazo” en la noche del solsticio de verano y cantan en la hoguera: el blanco de los trajes de los mozos, el rojo vivo de sus  pañuelos, como sangre que brota del espíritu festivo y el negro de los toros en contraste con la marfileña luna Sanjuanera.

San Juan son los encierros de la madrugada, el amanecer del día más largo del año; son también los toros de la tarde. El ayuntamiento en el siglo XVII corría con los gastos de tres toros y en el XVIII año en el que se sueltan cinco toros, por escasez de medios, la bebida se reduce a vino con agua de limón, claro antecedente del ponche actual.

Entre San Juan y San Pedro, Coria muestra que sus gentes y sus plazas, sus toros y sus peñas, hacen de los sanjuanes unas fiestas abiertas a la participación y al deleite de todos.

La Encamisá - Torrejoncillo

La Encamisá - Torrejoncillo

Se desconoce de qué hecho concreto proviene ni desde cuando viene celebrándose en Torrejoncillo la fiesta de "La Encamisá". La respuesta más probable, al preguntar en el pueblo sobre el tema, será: "dicen que viene de la batalla de Pavía, cuando unos torrejoncillanos se disfrazaron con camisas entre la nieve...".No se considero que sea la versión mas acertada, tampoco es tan disparatada si nos adentramos en la historia y comprobamos que fueron varias las encamisadas en aquella campaña de Italia

Otras opiniones se remontan más atrás en el tiempo y piensan que la Encamisá proviene de un hecho de la Reconquista, donde también hay constancia de su realización, bien por parte cristiana o mora. ¿Por qué no un origen árabe?. Otros piensan que sus raíces están en las guerras de Flandes, con milagro de por medio, y hay quienes le atribuyen una fecha mucho más cercana, durante las guerras carlistas. Es evidente el origen bélico de esta festividad.

Este matiz bélico se ha transformado a lo largo de los tiempos en religioso. Digamos que, como otras fiestas, se ha cristianizado, y, en lugar de presidir la fiesta o procesión el estandarte del capitán victorioso, hoy lo hace la insignia de la capitana considerada más victoriosa en el mundo cristiano: la Inmaculada Concepción.  Este cambio es fundamental en el devenir y mantenimiento de esta fiesta, por ser todos nosotros conocedores de cómo los humanos nos cansamos de los hombres y de sus gestas, por muy importantes que sean, lo que no ocurre en Torrejoncillo con "su" Inmaculada.

¿Qué es hoy La Encamisa?  Situémonos en la noche del 7 de diciembre, la "noche" de los torrejoncillanos. Ya desde el anochecer se percibe entre el vecindario la tensión y el ansia de que llegue momento tan deseado. Las gentes se apresuran. Se preparan las escopetas y los cartuchos de salva.     Una multitud de jinetes cubiertos con una sábana se dirige a casa del mayordomo a recoger el farol. Las campanas anuncian el tiempo que falta. Los jinetes ensabanados emprenden juntos el camino hacia la Plaza Mayor, ya abarrotada, y, al entrar en ella unos minutos antes del comienzo, un estruendo de pólvora sube al cielo desde los centenares de escopetas, cuyos usuarios, como los jinetes y la multitud, esperan la salida del estandarte.

Las diez de la noche. Es la hora. No se cesa de vitorear a la Virgen. Es el momento en que aparece el estandarte en la puerta de la iglesia y cuando un pueblo entero vibra de emoción lanzando vivas a María y llamándola purísima, inmaculada, patrona, intercesora... Grita el alma, no la boca. El estandarte pasa a duras penas entre cientos de personas que intentan tocarlo. Apenas avanza. La plaza es un estruendo. Disparos y disparos, repetidas veces al unísono y durante largo rato. Se intensifica incluso el clamor y la pólvora cuando el mayordomo consigue recibir el estandarte y presentarlo y ofrecerlo al pueblo. No es momento de palabras. Algunos no lo comprenderán.

Desde ese instante comienza una procesión, que dura aproximadamente dos horas y media, por el recorrido irregular y tortuoso que ofrecen las originales calles de esta localidad.

Va delante el mayordomo portando y ofreciendo el estandarte a las gentes que, ansiosas, esperan a la puerta de sus casas, en balcones o ventanas, para lanzarle sus vivas. Tanto el mayordomo como sus dos acompañantes a la cabeza de la procesión llevan preciosas sábanas con la imagen de la Purísima bordada en sus espaldas. Les siguen dos centenares, más o menos, de jinetes ensabanados levantando el farol. El vecindario acompaña a la procesión, o la espera, o se adelanta a ella para volver a contemplar el paso de la comitiva. Y siempre con el mismo fondo de vivas, disparos, cohetes, canciones y fuegos de artificio, se llega al final, de nuevo en la Plaza Mayor, cuando el estandarte vuelve a la iglesia en medio del mismo clamor y sentimiento y se repiten idénticas escenas que a la salida.

Grandioso espectáculo en el que se está inmerso. Espectáculo repetido y siempre nuevo, cuyos protagonistas es la vida quien se encarga de renovar: procesión nocturna a caballo, jinetes ensabanados portando un farol encendido, sábanas blancas en contraste con la nocturnidad, infinidad de manos que se extienden continuamente hacia un estandarte, recorrido original y pintoresco, niebla, niebla de humo, cánticos con una sola tonada, derroche de entusiasmo... y algunas lágrimas.

Por eso está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Turismo que ha favorecido, sin duda, la difusión exterior de la fiesta, y que ha provocado estudios, en su mayoría, positivos y otros no tanto por el motivo de que sus autores no han visto más que por los ojos.  Es evidente que se equivocan quienes hoy, en los tiempos que corren, sólo quieren destacar el matiz religioso de La Encamisá. Pero más se equivocan los que, de forma directa o indirecta y solapada, sólo desean mostrar el lado profano que cada fiesta, y ésta por supuesto, acarrea.

Son muchos los factores que mueven a los torrejoncillanos a mantener y representar año tras año La Encamisá. Para ellos no sólo es espectáculo, es también sentimiento. Los torrejoncillanos "viven" La Encamisá: recuerdan diferentes momentos, agradables o duros, de ese año o de su vida, añoran de forma constante la ausencia de seres queridos, llevan consigo como nunca a aquellos que se fueron para siempre..., y se regocijan por sentirse unidos, aunque sólo sea por una sola noche.

Eso es lo que no se ve de La Encamisá, pero ahí está lo que cuesta tanto analizar, o se analiza mal, por ser difícil entender con la razón los caminos del sentimiento. Desde fuera se ve el árbol, pero no puede verse la savia que le da vida, la savia que bebe en las raíces de los antepasados, corre por todo el tronco, y se extiende en las ramas de los hijos.

Las Carantoñas - Acehúche

Las Carantoñas - Acehúche

Las Carantoñas son hombres disfrazados con pieles de cabras u ovejas, que se ciñen a la cintura con una cincha bien apretada. Se cubren la cabeza con una máscara o careta (carátula, carantoña, de ahí su nombre) también de piel, con perforaciones para ver y orificio para respirar, en la que se pueden ver pimientos, orejas de animales, colmillos, etc. pero nunca cuernos.

Antiguamente portaban en sus manos una vara larga, como de un metro, con muchas puntas. Actualmente llevan un ramo seco de acebuche u olivo silvestre, muy abundante en la zona.

 
La fiesta posee un origen antiguo que puede remontarse incluso a época prerromana, pero ha ido cambiando de acuerdo con las diversas circunstancias ideológicas. La implantación del cristianismo, pese a los esfuerzos que realizó, no pudo desarraigar las prácticas de la fiesta, pero la integró dentro de un nuevo sistema de valores y creencias, de modo que se la hace coincidir con la fiesta de Los Mártires, y a los hombres disfrazados como machos cabríos los convierte en fieras que quitaron las sectas a San Sebastián.

 

LA VISPERA

Los preparativos de la fiesta comienzan el día 19, cuando el mayordomo y sus familiares salen en busca del romero con el que cubrirán el camino que va de la iglesia a la casa de los "mayordomos" y calles por donde ha de pasar la procesión.

A la caída de la tarde del mismo día 19, la mayoría de los habitantes de Acebuche, especialmente la chiquillería, se encaminan a la entrada del pueblo para recibir al "Tamborilero".

Es tradicional que el tamborilero se dirija esa misma noche a casa de los mayordomos, donde será agasajado con dulces típicos y aguardiente de la zona, haciendo paradas en todas las casas donde es invitado.

LA FIESTA

En el amanecer del día 20 y día de San Sebastián, tiene lugar la "Alborá". El tamborilero va despertando a los que se disfrazarán de Carantoñas: Tiene la misión de despertar al pueblo para ir a tomar las migas con café que han sido preparadas por los mayordomos.

Más tarde, mientras los mayordomos proceden a "regar el romero", recogido el día antes, los mozos que se disfrazan de Carantoñas van a vestirse. Los amigos van a ayudar a vestir a la Carantoña, ya que debido a la peculiaridad de la vestimenta, una persona no podría disfrazarse sola.

Las Carantoñas son siempre hombres, no se conoce ningún caso en que se haya disfrazado una mujer. El motivo de disfrazarse es, generalmente, una promesa hecha al Santo, por un año o varios.

Los "Tiraores" son los jóvenes del pueblo, que armados con escopetas de cartuchos, esperan al Santo a la salida de la iglesia y luego, por cada una de las bocacalles y esquinas por donde ha de pasar la procesión, disparando al unísono, a modo de salvas, sus escopetas.

Las "regaoras" o "patanas" son las mozas del pueblo ataviadas con el traje típico del lugar, denominado de "bayeta". Su función es escoltar la imagen durante la procesión, regándolo todo de confites y confeti.

Durante la misa, las Carantoñas permanecen fuera de la iglesia, ya que no les está permitido entrar "porque son máscaras".

 

Una vez finalizada la misa, empieza la procesión. Cuando el Santo aparece en la puerta de la iglesia, los tiraores, dispuestos a ambos lados de la misma, disparan sus escopetas entre el griterío y los vivas a San Sebastián, acompañado siempre por la música del tamborilero.

El aspecto de las Carantoñas es tremendo, y actúan siempre de dos en dos, haciendo una reverencia al Santo durante la procesión por las calles de Acehuche.          Terminado el recorrido, las Carantoñas reparten y tiran entre el resto de la población unas gachas, hasta que finalmente son dispersadas por la presencia de un elemento común en muchas fiestas de la zona: la "Vacatora".

La "Vacatora" es una carantoña con cornamenta sobre unas parihuelas y tapada con una manta, que deja asomar unos largos cuernos de vaca y lleva colgando un descomunal cencerro. Su misión es dar por finalizada la fiesta, asustando a las Carantoñas y dispersándolas, entre carreras y revolcones, jolgorio éste, en el que participan todos los presentes.

Como colofón, todos se dirigen a casa de los mayordomos "al convite", consistente en dulces y vino de la zona.

El día 21 de enero es San Sebastián "chico" y la fiesta se repite.

Actualmente, este festejo está despojado de una serie de elementos que podían "ofender la moral y las buenas costumbres", y por estimarlo así el obispo de Coria, a instancias del párroco.


En el siglo XIX todavía una de las Carantoñas simulada mantener relaciones sexuales con una mujer (el galán y la madama) y fruto de ella nacía al poco tiempo una carantoña que era alimentada por las restantes con las gachas citadas.


Más adelante, la madama era interpretada por otra carantoña, hasta que finalmente ha desaparecido. La fiesta está cargada de símbolos de muy diverso tipo, pero la pérdida del código de lectura dificulta cualquier interpretación.

Los Negritos - Montehermoso

Los Negritos - Montehermoso

EL ORIGEN DE LA FIESTA

La leyenda popular más aceptada sobre "Los Negritos" hace referencia a que hace siglos atrás había una familia muy pobre, compuesta por siete hermanos, que todos los años cuando se celebraba San Blas llegaban hasta la localidad de Montehermoso a pedir limosna y para evitar ser reconocidos por los vecinos interpretaban una danza ritual distinta cada año.

Pasados 16 años, la familia, que ha había bailado 16 danzas distintas, terminó su repertorio y para evitar ser conocidos por la ciudadanía del lugar decidieron tiznarse la cara de negro. Pese a ello, la gente descubrió de quien se trataba y se les permitió que año tras año fueran al municipio, pero a condición de que fueran tiznados interpretando todas sus danzas, recordó el alcalde del municipio.

 

DESARROLLO DE LA FIESTA

 
La conmemoración arranca hoy, festividad de las Candelas, al atardecer, cuando los Negritos, con su tradicional indumentaria, van a buscar a los mayordomos, para ir después hasta la iglesia de San Sebastián y a la ermita del santo para bailar, en un acto sobrecogedor en el interior del templo.

En este evento, los Negritos van acompañados también por el conocido como Palotero, que porta los palos que los danzarines tiznados usan en sus bailes y que va disfrazado de forma distinta, con un sombrero que imita la mitra de San Blas y lleva unas castañuelas de corcha que no suenan.

Durante toda la noche, en lo que se conoce como la 'Velá', los Negritos al son de castañuelas y del tamboril recorren los domicilios de los antiguos mayordomos, como agradecimiento a su devoción al Santo y por su colaboración al mantenimiento de esta fiesta tradicional.

 

EL DÍA DE SAN BLAS

 

Ya de mañana, día de San Blas, el tamborilero a primera  hora recoge al Palotero y uno a uno al resto de los Negritos, que van ataviados con el traje tradicional de gala por ser el día del santo. Todos ellos se dirigen a casa de los mayordomos, en donde hacen el ritual de tiznarse las caras de negro con corcha quemada como mandan los cánones.

Cuando las campanas comienzas a sonar, los Negritos y mayordomos acuden a la Iglesia para recoger al sacerdote y, acompañados por numerosos devotos, se dirigen a la ermita del Santo, donde se realizarán los actos religiosos y la bendición de los conocidos como cordones de San Blas. Al finalizar la liturgia, sacan al santo y los Negritos le rinden honores con sus bailes.

La imagen del Santo recorre en procesión las calles hasta la plaza mayor, en la que se vuelven a repetir las danzas y se traslada a San Blas a la iglesia del pueblo, en donde se queda por unos días. Luego el resto del día, Negritos y mayordomos van por el pueblo pidiendo la "maná" y vendiendo los cordones, que las gentes anudan a su cuello para proteger su garganta.