


La distancia del recorrido es de 42 kilómetros por la carretera N-110.
En esta ocasión proponemos una ruta cruzando el Valle del Jerte, desde Tornavacas a Plasencia, centrándonos en las ermitas más representativas de los pueblos que encontramos a nuestro paso.
Comenzamos la ruta desde Tornavacas , primer pueblo del Valle del Jerte entrando por provincia de Ávila, que conserva gran número de ermitas, consagradas al Santo Cristo del Humilladero, Santa María Magdalena, Los Mártires, Santa Bárbara y San Martín.
De Tornavacas nos acercamos al pueblo de Jerte , para visitar la Ermita del Cristo del Amparo, edificio del siglo XVIII, realizado con mampostería y sillares esquineros. Consta de una nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos, que desemboca en un presbiterio dignificado con bóveda semiesférica sobre pechinas. Idéntico remate, decorado con yeserías barrocas, presenta el camarín adosado al hastial de la cabecera.
En Cabezuela del Valle hay varias ermitas, todas ellas pertenecientes al periodo barroco. La más importante, tanto por su riqueza artística como por la devoción de sus gentes es la de su patrona, la Virgen de Peñas Albas. En ella, de exterior bastante sobrio, destaca el retablo, las pinturas de la bóveda y la imagen de la Virgen.
Abandonamos Cabezuela en dirección a Navaconcejo , donde encontramos dos ermitas de época barroca: la del Cristo del Valle, con mampostería y refuerzos de cantería, cuya capilla mayor está presidida por una imagen de Cristo Crucificado; la iglesia de San Jorge alberga un retablo tallado del siglo XVII y, hasta hace algún tiempo conservó la imagen de Nuestra Señora de la Peña, importante imagen de comienzos del siglo XVIII, hoy desaparecida.
Por último llegamos a Plasencia , que cuenta en su haber con gran número de ermitas, iglesias y conventos. Destacamos tres: la ermita de la Salud, de estilo colonial, construida por artistas locales, emplazada sobre el arco de Trujillo, al final de la calle del mismo nombre; la ermita de San Lázaro contiene esculturas del siglo XV , y en su interior se han encontrado buenas tablas del siglo XVI y un admirable retablo dedicado a San Crispín y San Crispiano, del siglo XVI, obra popular de artesanos talaveranos; por último, la ermita del Puerto, sita a cinco kilómetros de la ciudad, que cobija en su interior a la patrona de la ciudad, y desde la cual se puede disfrutar de maravillosas panorámicas del Valle del Jerte y la Sierra de Santa Bárbara.